La cicoria y el mafioso

Estos días estoy con un libro que me parece terrible y fascinante, Vosotros no sabéis, de Andrea Camilleri.

Andrea Camilleri retratado por Tullio Pericoli, pintor y diseñador italiano que ha retratado de forma magistral, delicada y deliciosa a los grandes escritores e intelectuales universales. En el apartado Retratos de su página web encontraréis una mina de belleza y entretenimiento.

Quiero compartir con vosotros una de las entradas de esta especie de diccionario de términos mafiosos: Cicoria (achicoria).

CICORIA (ACHICORIA). Refiriéndose a los años ochenta, varios arrepentidos recuerdan que Provenzano tenía buen saque. Y todos debían tenerlo, ya que en la mafia eran frecuentes estas comilonas, en cuyo transcurso se establecían pactos y alianzas, se decidía a quién había que eliminar y se organizaban nuevos negocios. Y Provenzano siempre aprovechaba estos banquetes para hacer advertencias genéricas o específicas que a veces aterrorizaban a los comensales.

     Como aquella vez en que todos los capos de la mafia fueron a darse un buen atracón de pescado (concretamente, al Gambero Rosso de Mondello, ¡y eso que todos eran fugitivos de la justicia!) y Provenzano, al ver que algunos de los presentes tomaban el pelo a Filippo Marchese por su prominente barriga, dijo dirigiéndose a Antonio Calderone:

     —Esa barriga tan gorda le sirve para guardárselo todo dentro.

     Y Calderone se quedó petrificado porque se dio cuenta de que Provenzano estaba reprochándole haber revelado a terceros una confidencia que le había hecho Totò Riina.

     La última vez que los capos de la cúpula se reunieron para comer fue en la Navidad que precedió a los asesinatos de Falcone, Borsellino y sus acompañantes. La reunión tuvo lugar en Mazara del Vallo, pero Provenzano sólo hizo acto de presencia. Acudió a Mazara mas no participó en el almuerzo, sino que prefirió darse una vuelta en ciclomotor por la ciudad. ¿Se trataba de una señal para que todos supieran que aceptaba pasivamente la estrategia de las matanzas ideadas por Riina?

     A través de los pizzini enviados a Giuseppe Russotto, Angelo Tolentino y Antonio Episcopo, que eran en cierto modo proveedores de la Casa Real, descubrimos que, en un largo período de clandestinidad campestre, Provenzano mandaba que le compraran pasta y carne. O sea, se alimentaba de una manera bastante normal.

     En la cocina de la casa de campo de Montagna dei Cavalli se encontró un librito de recetas de cocina sana. Cuando organizaba alguna de sus escasísimas reuniones, de preparar a carne se encargaba La Barbera, que la cocinaba muy poco hecha y con apenas sal. Después, alguno de los presentes fregaba los platos.

     Le encantaba la miel de gran calidad. Una vez, Tolentino adquirió cuarenta y seis tarros, de los cuales se quedó seis y el resto se lo envió a Provenzano.

     Muchos de sus pizzini se refieren a la achicoria.

     «Comer pan y achicoria» es un dicho popular que, en su uso común, significa ser pobre o bien saber conformarse o abstenerse de algo para no hacer sombra a nadie (en este último sentido lo utilizó un conocido político). Algunos periodistas, al enterarse de que Provenzano comía achicoria, creyeron que lo hacía para curarse las molestias de la próstata. Y, de hecho, es posible que Provenzano no supiera que la achicoria no está indicada para este trastorno, al contrario.

     Un alto magistrado llegó al extremo de interpretar la achicoria como un signo de «ética mafiosa», en el sentido de que Provenzano, «alimentándose de pan y achicoria», pretendía dar ejemplo de rigor y moderación a los suyos. Una hipótesis cuando menos aventurada porque, como ya se ha visto, Provenzano comía también carne de excelente calidad y poco hecha.

     Provenzano quería comer achicoria simplemente poruqe le encantaba. Prefería la silvestre, que es muy amarga y que antaño se recolectaba libremente por el campo; quién sabe cuántas veces debió de salir a recogerla de joven.

 

…si pudiera encontrar el sitio donde la tierra produce esta achicoria, y si pudiera conseguir unas cuantas semillas, cuando ya está granada, ¿me guardaría unas cuantas? Te puedo decir que la venden en sobrecitos, nó es esta en el estado natural que conocemos. Yo quisiera Semilla en estado natural.

 

     Tiene más razón que un santo cuando rechaza los sobrecitos y quiere la semilla para poder plantarla en las inmediaciones de su guarida. Porque, puesto que los paquetes de víveres, como los pizzini, tenían que dar muchas vueltas antes de su entrega, la achicoria que le enviaban seguramente le llegaba mustia e incomible.

     El editor del presente diccionario, que también sueña con la achicoria silvestre, lo comprende y se compadece.

Mediterráneo, el festín

Pocas cosas hay más deliciosas que preparar un festín al aire libre, quizás asistir a uno de invitad@

A lo largo de estos años he preparado varios festines griegos, siempre coincidiendo con estaciones del año en que la amabilidad del tiempo permite disfrutar de un pequeño banquete en la terraza. Si os gusta la cocina griega, seguro que os encantarán las propuestas que os hice en Verano griego, Otoño griego y Viaje a Grecia: dos mezedes y una cerveza.

El viernes pasó esto

Así que he decidido compartir con vosotros mis dos recetas de Moussaká preferidas, recetas que podéis encontrar en estos Libros de cocina griega.

Òlbia’19, el monovarietal de Syrah de Vins de Taller, le fue de perlas a esta lasaña de berenjenas.

Os dejo con el inicio de un divertidísimo capítulo de Mi familia y otros animales, de Gerald Durrell.

Capítulo 18

Un número de animales

     Toda la casa era un hervidero de actividad. Grupos de campesinos, cargados con cestos de hortalizas y racimos de gallinas estridentes, se aglomeraban en la puerta de atrás. Spiro llegaba dos, hasta tres veces al día con el coche abarrotado de cajas de vino, sillas, mesas plegables y paquetes de comestibles. Las Gurracas, contagiadas de la animación reinante, aleteaban de un lado a otro de la jaula, asomando la cabeza por entre la tela metálica y emitiendo roncos y sonoros comentarios al bullicio. Margo yacía en el suelo del comedor, rodeada de enormes pliegues de papel de estraza sobre los cuales iba dibujando grandes murales con tizas de colores; en el cuarto de estar, Leslie, rodeado de montañas de muebles, calculaba matemáticamente el número de sillas y mesas que la casa podría albergar sin hacerse inhabitable; en la cocina, Mama (asistida por dos chillonas muchachas del campo) se movía en una atmósfera semejante al interior de un volcán, entre nubes de vapor, fogones chispeantes y el dulce bufido y borboteo de las ollas; los perros y yo vagábamos de aquí para allá ayudando en lo que pudiéramos, dando consejo y echando una mano en general; arriba, en su alcoba, Larry dormía beatíficamente. La familia, en suma, preparaba una fiesta.

     Como era costumbre entre nosotros, lo habíamos decidido de improviso y sin otro motivo que un impulso repentino. Rebosante de sentimientos fraternales, la familia había invitado a todas las personas que recordaba, sin exceptuar a algunas a quienes detestábamos cordialmente. Todos nos lanzamos a los preparativos con entusiasmo. Como era a principios de septiembre, decidimos darle el calificativo de fiesta navideña, y para evitar que la cosa resultara demasiado formal invitamos a los participantes a almorzar, merendar y cenar. Ello suponía la elaboración de cantidades ingentes de comida, y Mamá, armada de una pirámide de recetarios desencuadernados, desapareció en la cocina para pasarse allí las horas muertas. Si por acaso salía, con las gafas empañadas de vapor, era casi imposible mantener con ella una conversación que no versase exclusivamente sobre comida.

     En las raras ocasiones en que el deseo de recibir invitados era unánime, lo habitual era que la familia empezara a organizar las cosas con tanta antelación y tales ímpetus que al llegar el día señalado solíamos estar todos exhaustos e irritables. Ni que decir tiene que nuestras fiestas nunca se desarrollaban según lo previsto. Hiciéramos lo que hiciéramos, siempre había algún obstáculo de última hora que cambiaba las agujas de posición y lanzaba nuestros minuciosos planes por una vía totalmente distinta de la esperada. Pero al cabo de los años nos habíamos acostumbrado, y gracias a eso no naufragó nuestra fiesta navideña, casi completamente invadida por los animales. Todo empezó de la manera más inocente, con unos peces rojos.

Mediterráneo, el desayuno

 

Hay libros muy especiales y Mi familia y otros animales, de Gerald Durrell, lo es.

Este libro es un canto a la vida, sus páginas rebosan luz, aromas, color, amor y risas. De lectura amable y muy divertida, desde el primer momento te sientes parte de esta familia, y compartir con ellos su día a día en Corfú es uno de los regalos más bonitos que Gerald Durrell nos ha podido hacer.

He decidido compartir con vosotros algunos de estos momentos, todos con un nexo en común: la comida.

Este libro lo compramos en un puesto de libros de segunda mano que hay en el Mercado del Ninot, en Barcelona. Me gustan mucho los libros que han sido de personas que no conozco. Algunas veces participas pequeñas intimidades que disparan la imaginación e invitan a fabular. ¡Son tantas cosas un libro!

Y como no podía ser menos, voy a empezar por una de las colaciones del día que más me gusta, el desayuno, ese maravilloso momento en que todo está por descubrir, cuando todo es posible, incluso en estos tiempos extraños.

Capítulo 3

El Hombre de las Cetonias

    Al despertarme por la mañana, la persiana de mi alcoba filtraba la luz del amanecer en bandas de oro. El aire mañanero se poblaba del olor a carbón de encina del fogón, el vigoroso canto de los gallos, el ladrido distante de los perros, y el soniquete quebrado y melancólico de las esquilas, según salían a pastar los rebaños de cabras.

    Desayunábamos en el jardín, bajo los pequeños mandarinos. El cielo era radiante y fresco, sin el azul fiero del mediodía, sino levemente opalado y lechoso. Las flores yacían aún medio dormidas: las rosas arrugadas de rocío, las caléndulas todavía bien cerradas. Por regla general el desayuno era una comida apacible y silenciosa, Pues a esas horas ninguno de los miembros de la familia se sentía muy comunicativo. Pero al acabar se notaba el efecto del café, las tostadas y los huevos, y empezábamos a revivir, a contarnos unos a otros lo que íbamos a hacer, por qué pensábamos hacerlo, y a discutir enérgicamente sobre si el plan de cada cual era acertado o no. En esas discusiones yo no participaba nunca, porque sabía perfectamente lo que iba a hacer, y dedicaba mi atención a acabar de comer lo antes posible.

    —¿Es verdaderamente necesario que zampes y destroces la comida de esa forma? —inquiría Larry con voz dolorida, limpiándose delicadamente los dientes con el palito de un fósforo.

    —Come despacio, hijo —murmuraba Mamá—; no tienes ninguna prisa.

    ¿Ninguna prisa? ¿Con Roger aguardándome hecho un amasijo oscuro y expectante junto a la verja, sin levantar de mí su mirada ansiosa? ¿Ninguna prisa, cuando ya las primeras cigarras soñolientas comenzaban a ensayar entre los olivos? ¿Ninguna prisa, con la isla entera, fresca y luminosa como una estrella matutina, en espera de ser explorada? No esperaba, sin embargo, que la familia comprendiese este punto de vista, así que remoloneaba un poco hasta verles enfrascados en otro tema, y entonces me ponía a engullir de nuevo.

Libre al fin, me escurría de la mesa y salía trotando en dirección a la verja, donde Roger, sentado, me miraba con gesto interrogante. Juntos oteábamos los olivares por entre los barrotes de hierro forjado. Yo sugería que quizá no valiese la pena salir hoy. Roger sacudía el rabo para negarlo apresuradamente, y me topaba en la mano con su hocico. «No», decía yo, «creo que realmente hoy no deberíamos salir. Parece que va a llover», y con expresión contrita alzaba la vista al cielo claro y despejado. Roger, aguzando las orejas, miraba también al cielo, y después a mí implorantemente. «De todos modos», proseguía yo, «si ahora no se anuncia lluvia es casi seguro que lloverá más tarde, y por eso sería mucho más prudente sentarse en el jardín a leer un libro». Desesperado, Roger ponía su negra pataza sobre la verja y se volvía a mirarme, levantando de lado el labio superior para enseñar sus blancos dientes en una sonrisa asimétrica e insinuante, mientras su corto rabo se deshacía en un revuelo de emoción. Era un recurso infalible, porque sabía que no me podía resistir a su ridícula sonrisa. Así que dejaba de hacerle rabiar, agarraba mis cajas de cerillas y mi cazamariposas, la puerta se abría con un chirrido y se cerraba con retumbo, y allá salía Roger disparado hacia los olivares como un torbellino, saludando al nuevo día con su ladrar profundo.

Amig@s y libros (3)

Ya han pasado las Navidades, ¡pero se acerca el día de Reyes! Desde hace dos años, en estas fechas dedico una pequeña entrada para recomendaros algunos libros.

Primero fue Amig@s y libros, y el año pasado repetí en Amig@s y libros (2). Como podéis comprobar, ¡vuelvo a la carga! Os voy a hacer unas propuestas que seguro os gustarán 😉

Pero antes, algo que repito cada año y nunca me cansaré de repetir: escribir es muy difícil, y en un mundo donde diariamente muchas personas abandonan sus proyectos e ilusiones, cansadas y desencantadas por no tener apoyos, que otras consigan su propósito es siempre motivo de alegría y celebración.

Los tres cerditos y el Lobo. ¿Cómo era el cuento?, de Kaffa

Edicions Bellaterra

De Kaffa ya os hablé el año pasado, cuando os recomendé su primer cuento, Caperucita Roja y el Lobo Feroz. ¿Cómo era el cuento?

Kaffa esta vez ha adaptado el cuento de Los tres cerditos. De nuevo con una cuidada edición de Edicions Bellaterra y acompañado por la brillante guía pedagógica elaborada por Dolores Juliano.

¿Cómo es el cuento? Mejor os lo cuenta kaffa.

 

Els millors vins dolços de Catalunya i els seus maridatges, de Lluís Romero Garrido

Cossetània Edicions

Si como yo sois amantes del vino dulce, este es sin duda vuestro libro. Lluís es una persona generosa, sencilla y sabia, y todo esto se refleja en su obra. Leer a Lluís es siempre un placer, las notas de cata que escribe para la selección de Vinissimus me gustan mucho, son completas y claras, algunas muy emocionantes. Transmite su pasión y conocimientos con una cuidada y sencilla redacción que hace que disfrutes de cada página y, algo aún mejor, que aprendas mucho. El libro es un buen manual de vinos dulces y a la vez una pequeña y delicada joya, que se me antoja ambarina.

Si quieres saber un poco más del libro y de Lluís, la editorial nos los presenta en su página web.

Lluís está trabajando en un nuevo libro, un libro que espero con mucha ilusión.

Foto “robada” a Lluís 🙂

 

Formatgeries artesanes de Catalunya. Rutes per 93 obradors, de Ramon Roset i Morera

Cossetània Edicions

Los amantes de los quesos somos doblemente afortunad@s. En menos de tres meses han visto la luz dos libros que nos van a hacer disfrutar de lo lindo.

Formatgeries artesanes de Catalunya. Rutes per 93 obradors es una invitación a descubrir todas las queserías y quesos artesanos que se elaboran actualmente en Cataluña, nos acerca a las personas que los elaboran y al territorio que hace de cada uno de ellos un producto único. En las primeras páginas nos cuenta de forma breve y clara todo lo que siempre hemos querido saber sobre el queso. A continuación, nos propone nueve rutas queseras que nos llevan por todos los rincones de Cataluña. Este libro seguro que va a convertirse en una guía de viajes imprescindible para much@s de nosotr@s.

El otro libro que ha escrito Ramon este año es El gran libro del queso, publicado por RBA Libros.

 

Barcelona Slow Food Guide 2020

Slow Food Barcelona ha vuelto a publicar una guía de restaurantes. En esta segunda publicación encontrarás más de 101 establecimentos (la mayoría son restaurantes pero también incluye alguna panadería) que cultivan la calidad y tienen la mirada puesta en la sostenibilidad, el producto de proximidad y en sus productores.

Foto “robada” a Slow Food Barcelona 🙂

Sin duda es un buen regalo para los amantes de la buena mesa. Puedes adquirir la guía en la web de Slow Food Kitchen Barcelona.

 

Bien, solo me queda desearos un maravilloso año, y que los Reyes Magos sean espléndidos.

Este fresco de la capilla griega de la catacumba paleocristiana de Priscilla, en Roma, es la primera representación que se conoce de los tres Reyes Magos.

Mucho más que vinos (3)

Las fiestas ya están aquí. Desde hace dos años, en estas fechas dedico una pequeña entrada para haceros propuestas de vinos con los que las celebraciones navideñas serán aún más extraordinarias, y para que el esfuerzo económico de estos días adquiera una dimensión especial: la de la solidaridad.

Primero fue Mucho más que vinos, y el año pasado repetí en Mucho más que vinos (2). Como podéis comprobar, ¡vuelvo a la carga! Os voy a hacer unas propuestas que seguro os gustarán 😉

 

Vermut Musugorri

Musugorri (“mofletes rojos” en euskera) es un vermut que la distribuidora de vinos y cavas Aribau sacó al mercado en 2016. Y aquí sigue aún, haciendo las delicias de los vermuter@s. Detrás de este vermut, hay un proyecto que nació con un objetivo fundamental: ayudar a las asociaciones que recaudan fondos para la investigación del cáncer infantil al Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona.

Nos lo cuentan ellos mismos: “Musugorri se elabora de manera tradicional y 100% natural en La Secuita (Tarragona). Para su maceración se utilizan 30 botánicos que le aportan unos intensos y complejos aromas y sabores de marcado carácter mediterráneo. Su suave amargura y delicada dulzura lo hacen equilibrado y persistente.”

Con un diseño divertido y atractivo, Musugorri llenará de color nuestras mesas. Su proyecto social lo hace particularmente especial para abrir con un primer brindis las comidas y cenas de esta Navidad.

 

Rendé Masdéu

Nada queda por escribir sobre lo que le ha sucedido al Celler Rendé Masdéu. Mariona y Jordi nos han escrito a tod@s. Sobran mis palabras.

Fue de las primeras bodegas que visité, enamorada de sus vinos, su aceite y sus vinagres. Aún son muchos los sentimientos encontrados cuando pienso en ellos: tristeza por la pérdida que han sufrido; emoción por la generosidad de las personas que se han volcado para ofrecer la ayuda que estuviera a su alcance; esperanza al ver estas reacciones y admiración por la entereza y la valentía de esta familia.

Estas Navidades os tendremos muy presentes. Podemos adquirir sus vinos a través de su página web, donde también nos indican en qué comercios podemos encontrarlos.

Los vinos de Miguel Torres Chile

“Santa Digna se le llamaba a las cruces de término de una propiedad en España, estas servían para delimitar los territorios, simbolizan la fortuna y protección para aquellos que partían a países remotos, estas se utilizaron para dar el nombre a nuestra primera propiedad en Chile y al primer vino de la familia Torres originado en estas tierras.”

Desde 1979 la familia Torres, que no necesita presentación, tiene bodega en Chile. En esto años la bodega se ha consolidado y, si consultáis su página web, veréis la gran variedad de vinos que ofrece. Desde el principio, lo que más me gustó es que detrás de algunos de estos vinos encontré el sello Fair Trade, muestra de su compromiso con el comercio justo.

Esta garantía de sostenibilidad social, unida al exotismo que para muchos de nosotros representa el vino chileno, hacen que sea muy tentador probar cualquiera de ellos. ¡Mirad!

· Reserva de Pueblo, elaborado con la variedad Uva País.

· Días de Verano, un vino elaborado con Moscatel.

· También con Uva País, y con un bonito nombre, Estelado, han elaborado dos vinos espumosos, a cuál más tentador: un rosado y un Blanc de Noirs.

· Bajo el nombre de Santa Digna, la bodega elabora un total de diez vinos diferentes. Le tengo especial cariño a esta exótica colección, porque mi primer vino de Carmenere fue su Santa Digna. También hacen un vino de Sauvignon blanc sin alcohol.

Como podéis ver, tienen vinos para todos los gustos, y todo ellos con la garantía de un comercio justo.

Solo me queda desearos una fiestas muy muy sabrosas 🙂

“Fondue” a la vietnamita

Les demoiselles de Saigon, de Didier Laurent Guillermin.

“Quien no ha vivido en Saigón antes de la revolución no sabe lo que era Asia, dijo madame Rony, que se presentó a sí misma como viuda de un sargento francés muerto de no sabía qué el año anterior. Carvalho no la quiso sacar de su error y pasó por francés tratando de conseguir aceptables niveles de pronunciación. La fondue vietnamita consistía en un equivalente a la fondue bourgougnonne, pero en vez de freír la carne en el aceite, se cocían pedacitos de pollo, cerdo, gamba y calamar en un caldo suave al que también se arrojaban spaghetti de arroz y col. Cada pedacito de carne o pescado se sazonaba con poderosas salsas picantes y finalmente se comía el caldo con coles y spaghetti con la ayuda de una cucharilla. Podía haber sido un plato alegre y sugerentes si el local hubiera estado más iluminado, si las chicas no hubieran lanzado grititos de expectación ante las hazañas del gomoso protagonista de la serie televisiva, si la escudilla eléctrica donde hervía el caldo no hubiera sido de aluminio mate, si la monja no se hubiera pasado toda la cena lanzando carcajadas, sin duda motivadas por chistes verdes y teleológicos, y si las porciones de vianda hubieran sido más generosas y menos el agua que ayudaba a conformar el océano del caldo. Otro factor que estropeó la cena fue que cuando Carvalho sorbía los spaghetti chinos, vio su mesa rodeada de cuatro nativos disfrazados de mafiosos italianos.

– Venga con nosotros.

– No he terminado de cenar.

Uno de los hombres desenchufó el cable que conectaba la escudilla de aluminio a la red eléctrica. La cena había terminado. Carvalho recorrió el local con la mirada en busca del efecto que había provocado la irrupción de los matones en los demás pobladores del local. Habían bajado la voz y el volumen de la tele, pero era evidente que se desentendían de loa que pudiera ocurrirle al extranjero solitario.

– ¿Los envía Charoen?

Le cogieron por los hombros y le señalaron la distancia más corta hasta la puerta de la calle. Carvalho sacó un montón de billetes arrugados del bolsillo y trató de avanzar en dirección a la patrona para pagar la cena, pero le detuvieron, le quitaron el dinero de la mano y uno de los matones separó sesenta baths que dejó sobre la mesa. La cena estaba pagada. Le devolvieron el dinero y le empujaron hacia la puerta.

– Como sigan con estos modales se van a quedar sin turistas.”

Manuel Vázquez Montalbán, fragmento de Los pájaros de Bangkok

 

Fondue a la vietnamita

Os dejo la receta de esta fondue, ideal para una comida o cena sin prisas, con amig@s curios@s que no tengan miedo a las largas conversaciones, que es precisamente a lo que invita la fondue. Tras lo leído, ya sabéis, evitad las malas compañías, la mala iluminación y, sobre todo, a los mafiosos de cualquier nacionalidad 😉

 

Ingredientes

200 g de pollo cortado en tiritas; 200 g de carne de ternera en tiritas; 200 g de calamares en tiritas; 200 g de gambas pequeñas peladas; 200 g de filetes de pescado blanco cortado en tiritas; 250 g de espaguetis muy finos de harina de arroz; 1 col troceada; salsa de ostras; salsa de soja; caldo de ave y vegetales.

 

Preparación

Sobre el fogoncillo de la fondue, colocar el recipiente lleno caldo hirviendo.

Cada comensal dispondrá de un plato con las viandas troceadas y de los salseros.

Ir pinchando las viandas y cocerlas, al gusto, en el caldo. Luego, untarlas en la salsa elegida y comerlas, hasta agotar las existencias.

Finalmente verter en el caldo la col, cortada muy menuda y los espaguetis.

Servir en cuencos como plato final y sazonar con la salsa elegida.

Algunos consejos

1. A mi me gusta prepararla con lenguado cortado en tiritas y rape cortado en dados.

2. Las mermeladas y salsas agridulces también son una buena opción para acompañar esta fondue. Cuantas más salsas incluyas, más sorprendente resultará, y más apetecible. Es muy divertido experimentar y descubrir nuevos sabores y combinaciones. Seguro que much@s de tus invitad@s nunca ha probado estas viandas con mermeladas.

 

Este año hemos preparado la fondue en casa dos veces, para amig@s muy especiales. Para acompañar la fondue preparé berenjenas y tirabeques agridulces en salsa de ajo.

Unos lichis frescos con zumo de mandarina y menta fresca son un final perfecto para este festín.

Estos son los vinos con los que la hemos acompañado. Sin duda, la cerveza, también es una muy buena opción.

Esta receta, y muchas más, las encontraréis en este libro.