Verano tardío

Calabazas, acuarela de John Singer Sargent.

Para la medicina tradicional china el verano tardío es una estación formada por el final de agosto, septiembre y octubre.

Hoy Margarita, en su blog, nos habla de los alimentos más adecuados para esta estación y la forma en que deben consumirse.

Yo, con este menú que he preparado, os ofrezco una forma más de disfrutar de esta estación maravillosa.

Ensalada templada de garbanzos, calabaza y feta

Ingredientes (para 4 comensales):

800 g de calabaza cortada en dados de 1cm, 1 cucharada de AOVE, 2 granos de ajo pelados y picados, 800 g de garbanzos hervidos, 200 g de queso feta desmigado, 40 g de hojas de coriandro fresco, 65 g de pipas de calabaza tostadas

Para la vinagreta de pimientos rojos asados: 4 pimientos rojos asados, 2 cucharadas de vinagre de arroz, 2 cucharadas de zumo de lima, 1 cucharada de AOVE, sal, pimienta recién molida

Preparación

1 Precalentar el horno a 200ºC.

2 Mezclar la calabaza, el aceite y el ajo en un recipiente apto para el horno. Cocinar 30 minutos sin cubrir, mezclando bien de vez en cuando.

3 Mientras, preparar la vinagreta. Pelar los pimientos asados y picarlos muy pequeños. Mezclar con el resto de ingredientes en un cuenco.

4 En una ensaladera mezclar la calabaza, la vinagreta y los ingredientes restantes.

Mis tuneos

He sustituido la lima por limón, pero solo porque no encontré limas.

 

Pan de maíz

Ingredientes (para 12 comensales):

750 g de maíz, 180 ml de leche fermentada, 2 huevos ligeramente batidos, 50 g de mantequilla fundida, 150 g de harina con levadura incorporada, 170 g de harina de maíz, media cucharadita de café de sal, 60g de gruyer gruesamente rallado, 15 g de perejil picado fino

Preparación

1 Precalentar el horno a 200ºC.

2 Untar con aceite un molde de 22 cm de diámetro. Mezclar 2/3 de los granos de maíz con 2 cucharadas soperas de leche fermentada. Juntar el resto de maíz, de leche fermentada, los huevos y la mantequilla.

3 Tamizar las harinas sobre un cuenco. Añadir la sal, el queso y el perejil. Incorporar la preparación anterior (1). Mezclar bien. Verter en el molde y hornear 50 minutos. Transcurrido este tiempo, sacar del horno y dejar enfriar sobre una rejilla, como mínimo 10 minutos, antes de desmoldar.

Mis tuneos

He sustituido la leche fermentada por yogur, la mantequilla por AOVE y el gruyer por un queso de oveja curado.

 

¿Pueden embotellarse los colores, aromas y sabores del verano tardío? ¡Sí! Albert Costa lo ha hecho con La Joaquina, el vino ideal para acompañar esta explosión de colores, aromas y sabores y disfrutar plenamente de esta estación maravillosa.

Todo en este vino nos evoca el verano tardío. La vista se llena del color del trigo dorado por el sol, su frescor anuncia un cambio de estación, y su madurez nos evoca otro verano que llega a su fin. Este es un vino para saborear sin prisas en la compañía deseada.

En la página web de la bodega podéis encontrar más información sobre este bonito homenaje que Albert ha hecho a las mujeres de Porrera: El proyecto de las mujeres. Un proyecto precioso con tres vinos solidarios.

No puedo dejar pasar la oportunidad de presentaros a Albert y a Joaquina (la foto la he tomado prestada de su cuenta de Facebook).

La Joaquina está elaborado con Escanyavella, una variedad antigua del Priorat que algunos enólogos han recuperado. La uva se prensa y el mosto se pasa a una jarra de 500 l, con el interior cubierto de cera, donde fermenta y se cría durante 3 meses.

Como siempre, os dejo con el libro que me ha inspirado estas delicias.

Por cierto, que con el pan que sobró tuvimos una cena de rechupete. Tostamos el pan y lo acompañamos de un guacamole casero y con una copa de Parxet Cuvée 21 Ecológico 2016

Otras colaboraciones con Marga:

Colores de invierno

Fantasía hindú

Primavera en crudo

Verano, rojo, sandía

Espíritu Vilarnau

Esta es la historia de un flechazo, de una bodega con personas muy especiales al frente, de una bodega que elabora unos cavas y vinos excepcionales, de una bodega que mima a sus visitantes y a sus clientes. Pero vayamos poco a poco.

En septiembre del año pasado el grupo González Byass hizo una encuesta online sobre turismo, muy centrada en el turismo del vino, y decidí participar. Habían varios premios para sortear entre los participantes, pero eso no fue lo que me llevó a responder la encuesta. Me chifla viajar, y si alguien hace una encuesta sobre turismo, para mi es importante participar, porque es una de las pocas maneras que tengo de hacer llegar mis opiniones a las personas que trabajan en este sector, y todo lo que sirva para mejorar la oferta turística, en este caso enoturística y enogastronómica, me parece importante. Completé el cuestionario y me olvidé.

Y… ¡sorpresa! Me comunican que me ha tocado una visita a Cavas Vilarnau. Me hizo mucha ilusión, no conocía la bodega y me apetecía mucho el premio. La primera persona en la que pensé fue en Eva Plazas Torné, enóloga de la bodega. Con Eva hemos coincidido en algunas catas, y siempre me ha gustado estar con ella. Nunca le falta la sonrisa y siempre tiene unas palabras amables, así que la posibilidad de coincidir con ella en su entorno de trabajo me apetecía.

Quien se puso en contacto conmigo fue Maria Baró Ministral, la persona encargada del enoturismo de Caves Vilarnau. Desde el principio todo fueron facilidades. Ella me proponía una jornada diferente, que empezaba con una paseo entre viñas con segway, continuaba con una visita a la bodega y finalizaba con una cata de cavas acompañada de un aperitivo km0. Aquí empezaron nuestra negociaciones. Me encanta caminar, y no veo la necesidad de hacer una visita motorizada a las viñas. Si algo tienen de especial para mi las viñas es la tranquilidad, el silencio, la oportunidad de conversar sin prisas en un entorno privilegiado. Maria lo entendió, y cambiamos los planes. La verdad es que Maria se encargó de que todo fuera a la perfección. A las personas que no tenemos vehículo propio, el enoturismo se nos hace más complicado, especialmente cuando las bodegas están en lugares alejados de los medios de transporte públicos. Este era el caso, y nos facilitaron transporte hasta las viñas.

Una mañana de octubre aterrizamos en Cavas Vilarnau. Sin duda íbamos a estar bien. La bodega, como podéis ver, es preciosa, y está en un entorno extraordinario.

La primera alegría del día fue conocer a Maria. Alegre y comunicativa, Maria hizo que de inmediato nos sintiéramos como en casa. Nos anunció que también nos habían hecho una reserva en un restaurante de Sant Sadurní d’Anoia, y que nos acompañaría todo el día, si no nos importaba, Damià Deàs, enólogo y gerente de Caves Vilarnau. Y apareció Damià. Hablamos y hablamos, y paseamos hasta un lugar con un mar de viñas a nuestros pies, en que nos esperaba un pequeño aperitivo y una botella de Vilarnau Brut Reserva Rosé. Y allí se detuvo el tiempo, entre viñas, burbujas y conversaciones.

Eva, que estaba muy ocupada atendiendo a unos clientes, encontró un momento para escaparse y venirnos a saludar. Al cabo de un buen rato apareció Maria, que se quedó sorprendida de que aun no hubiéramos paseado entre viñas. Teníamos que ponernos en marcha. Ya no había tiempo de dar ese paseo, aunque no lo necesitábamos, porque las conversaciones distendidas son también bellas paseatas. Era el momento de visitar la bodega. El día aún nos deparaba sorpresas. Camino a la bodega de nuevo detuvimos nuestro paseo, esta vez para contemplar a un Bernat pescaire (Garza real). Son pequeños momentos que invitan a la contemplación y a la maravilla. Instantes que rompen lo planeado para recordarte, en este caso, que una visita a una bodega no es solo una visita a una bodega.

Visitar la bodega de la mano de Damià fue un lujo. Aprendí mucho, y eso no siempre pasa.

Y disfruté con esa oscuridad fecunda y de gran belleza que hay en muchas bodegas.

Nos despedimos de la bodega, y de Maria, en la tienda, repleta de tentaciones, no sin antes probar algunos de sus vinos y cavas.

Fuimos a comer con Damià al restaurante La cava d’en Sergi, en Sant Sadurní d’Anoia.

Sergi elabora una cocina de mercado, centrada en el producto de temporada, una cocina creativa y moderna, con hondas raíces en la cocina tradicional. Si estáis en Sant Sadurní, tenéis que sentaros a su mesa. Os aseguro que disfrutaréis de lo lindo.

Como sucede siempre, el final de un día en una bodega es el inicio de muchas cosas más. Maria me regaló una botella de Els Capricis Xarel·lo Castanyer 2016, un vino muy especial para el que cociné algo muy especial, pero de eso hoy no os voy a hablar. Estoy preparando una entrada para la sección Armonías en la mesa, que va a hacer vuestras delicias.

Damià y Maria hicieron que ese día fuera muy especial. Hacía tiempo que no disfrutábamos tanto de una visita a una bodega. Damià es un conversador excelente, como A., y todo el tiempo que pasamos juntos fue poco. Siempre está bien dejar conversaciones en el tintero. Desde esa visita he vuelto a coincidir con Maria dos veces, siempre entre garnachas, y cada encuentro ha sido mejor.

Si tenéis la ocasión, visitad Cavas Vilarnau. Y sobre todo, no dejéis de probar, siempre que tengáis la oportunidad, sus cavas, unos cavas, repito, excelentes.