Espíritu Vilarnau

Esta es la historia de un flechazo, de una bodega con personas muy especiales al frente, de una bodega que elabora unos cavas y vinos excepcionales, de una bodega que mima a sus visitantes y a sus clientes. Pero vayamos poco a poco.

En septiembre del año pasado el grupo González Byass hizo una encuesta online sobre turismo, muy centrada en el turismo del vino, y decidí participar. Habían varios premios para sortear entre los participantes, pero eso no fue lo que me llevó a responder la encuesta. Me chifla viajar, y si alguien hace una encuesta sobre turismo, para mi es importante participar, porque es una de las pocas maneras que tengo de hacer llegar mis opiniones a las personas que trabajan en este sector, y todo lo que sirva para mejorar la oferta turística, en este caso enoturística y enogastronómica, me parece importante. Completé el cuestionario y me olvidé.

Y… ¡sorpresa! Me comunican que me ha tocado una visita a Cavas Vilarnau. Me hizo mucha ilusión, no conocía la bodega y me apetecía mucho el premio. La primera persona en la que pensé fue en Eva Plazas Torné, enóloga de la bodega. Con Eva hemos coincidido en algunas catas, y siempre me ha gustado estar con ella. Nunca le falta la sonrisa y siempre tiene unas palabras amables, así que la posibilidad de coincidir con ella en su entorno de trabajo me apetecía.

Quien se puso en contacto conmigo fue Maria Baró Ministral, la persona encargada del enoturismo de Caves Vilarnau. Desde el principio todo fueron facilidades. Ella me proponía una jornada diferente, que empezaba con una paseo entre viñas con segway, continuaba con una visita a la bodega y finalizaba con una cata de cavas acompañada de un aperitivo km0. Aquí empezaron nuestra negociaciones. Me encanta caminar, y no veo la necesidad de hacer una visita motorizada a las viñas. Si algo tienen de especial para mi las viñas es la tranquilidad, el silencio, la oportunidad de conversar sin prisas en un entorno privilegiado. Maria lo entendió, y cambiamos los planes. La verdad es que Maria se encargó de que todo fuera a la perfección. A las personas que no tenemos vehículo propio, el enoturismo se nos hace más complicado, especialmente cuando las bodegas están en lugares alejados de los medios de transporte públicos. Este era el caso, y nos facilitaron transporte hasta las viñas.

Una mañana de octubre aterrizamos en Cavas Vilarnau. Sin duda íbamos a estar bien. La bodega, como podéis ver, es preciosa, y está en un entorno extraordinario.

La primera alegría del día fue conocer a Maria. Alegre y comunicativa, Maria hizo que de inmediato nos sintiéramos como en casa. Nos anunció que también nos habían hecho una reserva en un restaurante de Sant Sadurní d’Anoia, y que nos acompañaría todo el día, si no nos importaba, Damià Deàs, enólogo y gerente de Caves Vilarnau. Y apareció Damià. Hablamos y hablamos, y paseamos hasta un lugar con un mar de viñas a nuestros pies, en que nos esperaba un pequeño aperitivo y una botella de Vilarnau Brut Reserva Rosé. Y allí se detuvo el tiempo, entre viñas, burbujas y conversaciones.

Eva, que estaba muy ocupada atendiendo a unos clientes, encontró un momento para escaparse y venirnos a saludar. Al cabo de un buen rato apareció Maria, que se quedó sorprendida de que aun no hubiéramos paseado entre viñas. Teníamos que ponernos en marcha. Ya no había tiempo de dar ese paseo, aunque no lo necesitábamos, porque las conversaciones distendidas son también bellas paseatas. Era el momento de visitar la bodega. El día aún nos deparaba sorpresas. Camino a la bodega de nuevo detuvimos nuestro paseo, esta vez para contemplar a un Bernat pescaire (Garza real). Son pequeños momentos que invitan a la contemplación y a la maravilla. Instantes que rompen lo planeado para recordarte, en este caso, que una visita a una bodega no es solo una visita a una bodega.

Visitar la bodega de la mano de Damià fue un lujo. Aprendí mucho, y eso no siempre pasa.

Y disfruté con esa oscuridad fecunda y de gran belleza que hay en muchas bodegas.

Nos despedimos de la bodega, y de Maria, en la tienda, repleta de tentaciones, no sin antes probar algunos de sus vinos y cavas.

Fuimos a comer con Damià al restaurante La cava d’en Sergi, en Sant Sadurní d’Anoia.

Sergi elabora una cocina de mercado, centrada en el producto de temporada, una cocina creativa y moderna, con hondas raíces en la cocina tradicional. Si estáis en Sant Sadurní, tenéis que sentaros a su mesa. Os aseguro que disfrutaréis de lo lindo.

Como sucede siempre, el final de un día en una bodega es el inicio de muchas cosas más. Maria me regaló una botella de Els Capricis Xarel·lo Castanyer 2016, un vino muy especial para el que cociné algo muy especial, pero de eso hoy no os voy a hablar. Estoy preparando una entrada para la sección Armonías en la mesa, que va a hacer vuestras delicias.

Damià y Maria hicieron que ese día fuera muy especial. Hacía tiempo que no disfrutábamos tanto de una visita a una bodega. Damià es un conversador excelente, como A., y todo el tiempo que pasamos juntos fue poco. Siempre está bien dejar conversaciones en el tintero. Desde esa visita he vuelto a coincidir con Maria dos veces, siempre entre garnachas, y cada encuentro ha sido mejor.

Si tenéis la ocasión, visitad Cavas Vilarnau. Y sobre todo, no dejéis de probar, siempre que tengáis la oportunidad, sus cavas, unos cavas, repito, excelentes.

La Calèndula

Hacía tiempo que no sentía la necesidad de recomendaros ningún restaurante, y después de dos días en el paraíso, ¡os lo tengo que contar! Esta vez voy a hablaros de un dueto maravilloso y único, el que forman el Hotel del Teatre y el restaurante La Calèndula.

Hacía mucho tiempo que quería ir a La Calèndula, para probar la cocina de Iolanda Bustos. Tenía muchas ganas de conocerla y estar en el lugar que inspira sus platos llenos de color.

Regencós es un remanso de paz, un lugar perfecto para pasear y descansar.

El Hotel del Teatre es uno de los mejores hoteles en que he estado nunca. Ubicado en una masía del siglo XVIII, ha sido reformado con un gusto excepcional. Sobriedad, belleza y un confort único, hacen de este hotel un lugar que nunca querrías dejar. El hotel es un festival para todos los sentidos.

Colores armoniosos, materiales nobles y elementos de diseño (soy muy amante de las lámparas Artemide Tolomeo) hacen que disfrutes de cada uno de sus rincones. El paisaje y la luz hacen el resto.

Quizás el olfato sea el sentido más mimado en este hotel. Me encantan los hoteles, pero el olor de las sábanas y toallas de muchos de ellos (incluso de las habitaciones) suelen recordarme una limpiza de desinfección hospitalaria. Un olor agradable y delicado impregna el hotel. Además, el hotel ofrece una gama de productos de baño naturales.

Todo el hotel es suave: la ropa, el agua, la hierba, el aire.

Un silencio muy vivo te acompaña todo el día, repleto de conversaciones relajadas y felices y del jolgorio pajaril.

El gusto. Y aquí es donde entra La Calèndula.

La primera sorpresa es que se trata de una restaurante moderno y muy acogedor, rara avis. Para mi ha sido muy especial conocer a Iolanda y estar en el lugar en que crea (juega) con las flores para ofrecernos platos de sabores únicos y de una belleza excepcional. Tuvimos la fortuna de contar con Salvador Casasseca como cicerone, que hizo que nuestras dos cenas fueran muy especiales.

Tres aperitivos anuncian el festival de colores y sabores que se avecina: una crema de calabaza con pipas de calabaza tostadas; un higo con foie, ratafia y flores de hinojo, y una fresa eléctrica con remolacha.

Cada aperitivo es un mundo, un concepto diferente, pero los tres están deliciosos y son sorprendentes.

Pero mejor os dejo con las fotos de las dos cenas, que no hacen justicia a los platos.

Navaja marinada con miso, shiitakes, cítricos y perlas de tapioca con hinojo.

Ortigas de mar rebozadas.

Mejilones de roca gratinados con mayonesa de azafrán.

Espárragos blancos al natural con crema de foie y compuesto biodinámico de remolacha.

Carpaccio de sepia con pimentón, habitas, hierbas y flores del campo con crujiente de patata y laurel.

Brandada de bacalao bajo un velo de miel y flores con tierra de almendras, olivas e higos verdes.

Prensado de gambas de Palamós con emulsión de aguacate, Ficoide glacial (hierba helada o hierba escarchada) y helado de ajoblanco con pan de algas. Sobre la emulsión de aguacate habían unas deliciosas flores de ajo y unos ajos encurtidos en salmuera y vinagre.

Calamares con espárragos de mar y de campo salteados con un mole de hierbas.

Cochinillo ibérico crujiente con culís de algarroba, salsifís, ciruelas y orejones con flores de salvia.

Pizarra de quesos artesanos catalanes con confituras silvestres, elaboradas por ellos.

Y en exclusiva para vosotr@s, uno de los platos de la nueva carta de otoño: hatillos de calabaza fermentada rellenos de foie con caldo de setas y hierbas del bosque.

La Calèndula tiene una carta de vinos muy interesante, con una destacada presencia de vinos naturales, ecológicos y de pequeños elaboradores. Como bienvenida el restaurantes nos ofreció una copa de Petit Albet Brut Reserva 2015, un Clàssic Penedès de Albet i Noya.

Estos son los vinos que acompañaron nuestras cenas: L’Enriqueta Macabeu 2016 de Oriol Rossell; Gratitud Sauvignon Blanc 2016 y Passió Marcelan 2016 de Còsmic Vinyaters.

Mención especial merecen dos bebidas que nos sorprendieron especialmente, creadas por Iolanda: la cerveza de autor Gala de flores, una cerveza fresca y muy aromática, perfecta para acompañar cualquiera de las propuestas de platos para compartir y entrantes de Iolanda

y el Xampanyet de Saüc (sauco), un capricho, una joya aromática extremadamente delicada que hace este mundo más bonito.

El compromiso total del hotel y del restaurante con los productores locales es otro aspecto que lo hace excepcional.

El magnífico desayuno del hotel, que se ofrece en el restaurante La Calèndula, es una muestra de ello. Del desayuno no hice fotos, tendréis que ir para disfrutarlo en vivo y en directo. Al fin y al cabo, para eso están los paraísos, para disfrutarlos.

Cellarer Wine Bar

Ya me había despedido de tod@s vosotr@s hasta la vuelta de las vacaciones, pero el lunes disfruté tanto en Cellarer Wine Bar, que os lo tengo que contar 🙂

Ya os hablé en #OrigenGarraf de Ezequiel y su tienda de vinos, Cellarer. Hace dos meses Ezequiel se lanzó a una nueva aventura, y ha abierto Cellarer Wine Bar, en la calle Mallorca 211, junto a Christian, su socio. Nosotros no pudimos ir a la inauguración, y yo estaba deseando ver qué había hecho Ezequiel. Ayer decidimos quedar con Rosa, una buena amiga y gran sumiller, en Barcelona, y pensé… ¡vamos a Ca l’Ezequiel! Dicho y hecho.

Fue una sorpresa encontrarme allí a Ezequiel, quien resulta que está todas las tardes en el Wine Bar, lo cual es una suerte para todos los amantes del vino. Nadie mejor que él para sorprenderte, hacerte disfrutar y aprender mucho.

Cellarer Wine Bar abre de lunes a sábado a partir de las 17:00 h.

Ellos mismos se han encargado de reformar el local, utilizando muchos muebles de segunda mano, restaurados por ellos, así que no os extrañe encontraros sillones de barbero o puertas y ventanas haciendo de pizarras.

Tiene una carta de vinos a medias copas o a copas que es una maravilla. Y si ese día queréis otra cosa que no está en la carta, pedirle a Ezequiel, que tienen muchas sorpresas y que seguro que os encantarán.

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Estos son los vinos que cayeron esa tarde, todos catados a ciegas y posteriormente explicados con todo lujo de detalles por Ezequiel. Lo dicho, ¡un verdadero paraíso para los winelovers!

En Cellarer Wine Bar también puedes comer. Todo lo que probamos estaba realmente sabroso.

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Con las copas de vino te sirven unas deliciosas y crujientes patatas Kennebec.

Ceviche de lubina con mango.

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Tempura de gambas con reducción de Moscatel.

Fritura de boquerones con salsa tártara.

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Colita de cuadril con sus verduritas.

Cellarer Wine Bar no cierra este verano, así que los que estéis por Barcelona, no dudéis en pasaros. Y si sois más de gin tonics y cócteles, dejaros seducir por el buen hacer de Christian.

L’Allium

Quien me conoce sabe que L’Allium es uno de mis restaurantes favoritos en Barcelona. Lo primero que me sorprendió cuando descubrí L’Allium fueron su situación y sus horarios, y… ¡tenía un caracol! Sí, sí, un restaurante SlowFood en el centro de Barcelona y con horario ininterrumpido.

Volvimos una o dos veces y un día conocí a Jordi, el cocinero y propietario de L’Allium. Jordi es pura pasión y una persona de una curiosidad insaciable, unas características muy deseables en un cocinero (y en cualquiera).

Jordi ha dado un giro a la carta del restaurante para ofrecer más sabores: menos platos en la carta y más sugerencias, donde se potencia la cocina de mercado. Jordi es un enamorado de la cocina asiática, y esto se refleja también en su carta, en la que conviven salsas thai con los tradicionales romescos de la cocina catalana.

En febrero L’Allium estrenó carta, y Jordi nos invitó a probar algunos de los nuevos platos. Fue una noche en familia, muy divertida, en la que asistimos también a la sesión fotográfica de algunos platos de esta nueva temporada.

Estos son los platos que probamos esa noche:

De sus clásicos para picar: croquetas de pollo rustido y tortilla de Betanzos con chorizo.

Ensalada de tomates de temporada, romesco y frutos secos. El trío de tomates en esta ocasión fue: tomate raf, tomate de untar y tomate confitado.

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Dos de sus entrantes con el pescado como protagonista: esqueixada de bacalao a la manera de L’Allium y tartar de salmón marinado, huevos de salmón y helado de wasabi. El salmón, que se ha marinado con campari, está mezclado con pomelo chino y acompañado de crujientes de algas ñori y sésamo.

La pasta tartufata, trufa, huevo y parmesano con trompetas de la muerte.

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Del mar: pulpo a la brasa y pimentón de la Vera y pescado con suquet.

De la tierra: albóndigas, magret de pato con puré de castañas y carrillada de ternera con lentejas.

Y llegó el turno de las Cosetes dolces (Cositas dulces): bizcocho con cremoso de chocolate, pastel de mojito, limón y helado de pomada y coca de almendras.

La nueva carta de vinos de l’Allium es un caramelo para todos los amantes del vino. Está compuesta en su mayor parte por vinos ecológicos, biodinámicos y naturales. Nosotros esa noche empezamos brindando por la nueva carta con D.G. Viticultors Brut Rosé 2011 y seguimos con Subirat Parent 2014 de Partida Creus.

Fue una gran cena y un verdadero placer compartir mesa con Jordi, que además de un gran cocinero es un impresionante anfitrión. La noche se hizo corta, pero acabó con la seguridad de que volveremos a compartir mesa y la promesa de aventuras gastronómicas y enológicas.

Y por si os queda alguna duda sobre lo bien que se come y bebe en L’Allium, os dejo con platos y vinos de otras cuchipandas.

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Sergi de Meià

“Cocina absolutamente de proximidad”, puede leerse en sus tarjetas, rótulos y en Twitter. “Cocina desacomplejadamente catalana y 100 % de proximidad”, reza en su página web. Y ya está… ¡enganchada!

Hacía tiempo que os quería hablar del restaurante Sergi de Meià, en Barcelona, y de la maravillosa comida que se cocina en sus fogones. Y no se me ocurre mejor oportunidad para hacerlo que aprovechar el último encuentro OrigenGarraf. El sábado 12 de diciembre un grupo de bloguer@s nos juntamos a comer en el restaurante de Sergi, que preparó especialmente para la ocasión un menú con los productos de la campaña. Un verdadero lujo. ¿Estáis preparad@S?

Mientras Sergi nos habla del menú, probamos las patatas de Vilanova de Meià que preparan fritas. Antes que el Garraf, un bocado de Vilanova de Meià.

Crema de remolacha con picada y flores de haba. Esta es la tapa que Sergi ofrece a sus clientes esta semana.

Espigalls, judías del ganxet de Can Casamada y butifarra negra.

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Mar y montaña de caracol punxenc y de tierra con chorizo, algas ahumadas y ajo de Belltall.

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Arroz de mar con gamba de Vilanova.

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Sablé de nueces con membrillo, helado de romesco y escarola perruqueta.

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Les petits:

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– Trufa de chocolate y coñac.

– Galletas de mantequilla y canela.

– Glancestershire cake, un cake de jengibre, pasa y mantequilla que Sergi encontró a un libro antiguo.

Y todo esto regadito con vinos del Garraf. Fue una gran comida y una gran sobremesa. Silvia ha escrito una crónica de esta jornada que os recomiendo vivamente.

Pero ahora quiero enseñaros lo que hace Sergi habitualmente en su restaurante. La cocina de Sergi es una cocina sencilla, pero solo en apariencia, y de sabores francos, una combinación que hace que la tengas siempre presente, que estés deseando volver para disfrutar de nuevo de sus sabores nítidos y reconfortantes. En el restaurante estás como en casa, Sergi y Adelaida (su madre) te miman. Sergi siempre encuentra un momento para salir de su cocina, y saludar a sus clientes yendo mesa por mesa para preguntarles sobre la comida y atender a sus preguntas. Y eso es algo que nadie olvida.

La primera vez que fuimos al restaurante de Sergi, decidimos probar el menú del mediodía. Tiene un excelente menú semanal totalmente de temporada. Lo podéis encontrar publicado en su web.

Después de esa comida, estaba claro, había que volver y comer de carta. Es otoño, hay setas y caza… ¡el paraíso!

Y volvimos a repetir…

Tenemos pendiente un esmorzar de forquilla en el restaurante, que me han contado que son estupendos. Y tienen que serlo, porque de los desayunos se encarga Adelaida, una cocinera llena de sabiduría y pasión. Ya os contaré 🙂

#OrigenGarraf

Acaba de empezar una campaña en el Garraf para dar a conocer cinco de sus productos gastronómicos estrella: los espigalls, la escarola perruqueta, la gamba de Vilanova, el cargol punxenc (cañadilla) y la Malvasía de Sitges. Si queréis saber más de esta campaña lo encontraréis todo en OrigenGarraf.

Pantalla OG

No es ninguna novedad mi pasión por esta tierra. Todo empezó con una cena en La Salseta de Sitges, continuó con #SlowSitges y después de un #gastromoment en La Cucanya, ya estaba rendida al Garraf. Para mi esta es una campaña muy especial, porque estoy implicada en ella de forma profesional. Que mi primer trabajo relacionado con la gastronomía tenga como protagonista el Garraf es una de esas conjunciones afortunadas que te proporcionan grandes momentos de felicidad.

Esta es mi crónica de los dos primeros momentos #OrigenGarraf que he vivido.

 

#MalvasiadeSitges

El lunes 30 de noviembre fue un lunes intenso. Tuve mi examen de viticultura (¡aún no sé la nota!) y por la tarde organizaba mi primer acto relacionado con el vino.

La cata la hicimos en Cellarer, en la calle Aribau 76.

El grupo para la cata fue de ocho personas, en su mayoría alumnos del Curso Superior de Sommelier del CETT. Ezequiel, sommelier y propietario de Cellarer, hizo que la cata fuera una experiencia única. Nunca me imaginé que en una cata se pudiera disfrutar y a la vez aprender tanto.

La variedad Malvasía de Sitges fue la protagonista de esta cata. Fue una oportunidad para conocer en profundidad los diferentes estilos de elaboración en los que se encuentra en el mercado. Realmente sorprendentes cada uno de los vinos que probamos: Blanc Subur 2014 del Hospital de Sant Joan Baptista, D.O. Catalunya; Sasserra 2013, de la bodega Vega de Ribes; Ancestral Malvasía 2009, también de la bodega Vega de Ribes y Malvasia de Sitges seca y Malvasia de Sitges dulce del Hospital de Sant Joan Baptista.

Tengo que confesaros que la Malvasía Seca del Hospital de Sant Joan Baptista de Sitges me enamoró.

 

#OrigenGarraf & #lapepadelmar

El sábado 5 de diciembre tuvimos nuestro primer encuentro en Sitges. De nuevo un grupo reducido, para poder disfrutar largo y tendido de conversaciones, vinos y comida. Mirad qué lujazo de compañer@s de gastrojuerga: Baco y Boca, Yummy Barcelona, Kitmesures, Carlos, Ñam Ñam Barcelona y Antonio.

La estación de Sitges fue el punto de encuentro. Después de un pequeño paseo, llegamos al Mercat de la Terra de Sitges. Allí disfrutamos de lo lindo hablando con los productores y probando sus productos.

Agnès, de Sències Can Girona, nos lo explicó todo sobre los espigalls, y nos regaló a cada uno una bolsa con espigalls. Alejandro, de Yummy Barcelona, ya los ha cocinado, mirad qué delicia…

receta Yummy

Y también Baco y Boca. ¡Mmmmm!

Baco y Boca TIMBAL

¡Estoy deseando ver qué hace Kitmesures con ellos!

Y llegó la hora de comer. En La Pepa del Mar ya lo tenían todo preparado.

Allí nos recibió Ana, que compartió mesa con nosotros, lo que fue un verdadero placer.

Empezamos con unas cañitas y probando su surtido de olivas y las patatas “xurres” con alioli, dos de los aperitivos estrella de su carta.

Era el momento de sentarse a la mesa. Pau Corderas nos había preparado un menú especial para la ocasión, en el que probamos todos los productos de esta campaña. Un verdadero lujo de menú, ¡mirad si no!

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El cóctel de bienvenida: Bellini con Malvasía de Sitges.

Coca de vidre tostada con pan con tomate y aceite de oliva.

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Buñuelos de espigalls, bacalao y almendras con alioli de miel.

Croquetas de setas, mozzarella y tófona de invierno, unas croquetas que encontraréis en la carta.

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Cargols punxencs, hummus y capipota a la llauna.

La xatonada de algas y perruqueta.

Arrosejat de gambas de Vilanova y alioli de estragón.

Los postres: pera del Garraf a la Malvasía, nata fresca y angelets (las hojas exteriores de la escarola fritas y endulzadas). Aún estoy pensando en esa nata… ¡maravillosa!

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Acompañamos la comida con Jané Ventura Malvasía de Sitges 2014, D.O. Penedès; Carinyena 2012 de Finca Viladellops; el espumoso monembasia Brut Natural, D.O. Penedès y Malvasia de Sitges dulce para los postres.

Muchas gracias La Pepa del Mar, Pau, Ana y Paco por esta maravillosa comida, y por una larga y cálida sobremesa.

Y gracias OrigenGarraf por organizar unos encuentros tan particulares, donde el amor y el respeto por el terroir, sus productos y sus trabajadores (agricultores, pescadores y restauradores) hacen que estas iniciativas gastronómicas sean muy especiales.

Ahora, me voy a hacer mi receta con los espigalls. ¡Seguro que os gustará! 🙂 Porque cocinar es una de las formas de prolongar el placer de un día como el del sábado.

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